Tijuana busca esperanza a través de la música

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Héctor es un muchacho tímido y gordito.

Con paso firme entra al salón del Centro de Artes Musicales donde lo espera un público de más de 100 personas, la mayoría niños que como él.

“Bach fue un gran compositor pensaba que la alegría era un sentimiento más poderoso que su propia vida, tuvo la oportunidad de hacer una partitura,—una historia pero con notas musicales—, de lo que para él significaba la alegría” dice Héctor.

Luego de un suspiro, empieza a tocar en el violín la Minueto número 3, con más sentimiento que maestría. Al terminar, sale del salón triunfante entre el aplauso de sus compañeros.

Héctor vive en Cerro Colorado, una zona marginada de la ciudad de Tijuana, famosa por ser asociada con hechos violentos, narcotráfico, cárteles, pandillas y marginación social.

Es uno de los primeros participantes de los llamados Núcleos Orquestales Comunitarios un programa de educación musical emulando el sistema de educación musical venezolano, que busca fomentar la participación ciudadana a través de la educación musical de los niños.

El programa ha sido adoptado por el Centro de Artes Musicales de Baja California, hogar de la Orquesta de Baja California, en tan solo dos años se ha extendido para atender a 300 niños y jóvenes en todo el estado.

“El programa se inicia con la primera intención — de entrada de que los niños estuvieran ocupados por las tardes, que los niños que van a escuelas públicas que su mama trabaja, que su papa también, que ellos pudieran estar aquí en la tarde de 2:30 a 6:30” explica el director Silvino Octarula.

Iniciado a finales del 2008 en Tijuana, el programa de Núcleos Orquestales se enfrentó en sus inicios a una escalada de violencia sin precedentes.

“Muchos niños estuvieron asistiendo y cuando se da esa ola esa ola de inseguridad, dijeron los papas, ¿qué vamos a hacer si la situación esta insegura? Lo que podemos hacer es seguir asistiendo al núcleo, porque después de la casa el lugar más seguro puede ser el núcleo” recuerda el profesor.

Los Núcleos se han asentado en zonas marginales de Tijuana al que cada año llegan miles de familias migrantes para trabajar en las fábricas que ofrecen salarios promedio de 70 dólares a la semana por 6 días de trabajo, donde no hay pavimento, vigilancia o escuelas suficientes.

Esta suma de exclusiones es precisamente el campo fértil donde los cárteles reclutan a vendedores y asesinos a sueldo, en medio de pobreza, marginación y subempleo.

“Estamos convencidos de que la educación puede ser y es una herramienta fundamental para ir transformando el tejido social” explica el director de la OBC y principal impulsor del proyecto, Eduardo García Barrios.

“Realizar bien esa actividad te permite crear vínculos sociales poderosos, saber de solidaridad entre los que integran la orquesta, el sentido de compromiso colectivo, el saber escucharse, el saber entenderse, el saber funcionar como una sola entidad, una serie de valores extra musicales que tu puedes desarrollar plenamente en una orquesta sinfónica” explica.

Para Barrios es importante recordar que América Latina tiene una historia de exclusión económica, pero también cultural en la que solo unos cuantos pueden acceder al arte.

“Todo el mundo ahora ve como un milagro, lo que en realidad fueron 35 años de trabajo para llegar al niño de Venezuela, que demuestra además que hay otras formas alternativas que no son las convencionales europeas, otras maneras de hacer educación musical muy generosas y que sirven mucho para nuestros países y nuestras ciudades donde tenemos unas enormes limitaciones culturales” destaca Barrios.

Lo fundamental es que al sensibilizar a las niñas y los niños a través del trabajo artístico, les estas enseñado una serie de valores espirituales abstractos más difíciles de aprehender que te los da la música, a nivel de las emociones, de los sentimientos.

“Entonces es una herramienta poderosísima, porque objetivamente te hace gente más responsable, gente mas disciplinada, gente con más sentido comunitario, con más sentido de la responsabilidad, con ms sentido de la solidaridad pero al mismo tiempo te hace gente más sensible te hace gente que sabe gozar mas” dice Barrios, agregando que la clave va a ser sostener este esfuerzo por mucho tiempo.

Para las familias beneficiadas, los efectos de los Núcleos ya son palpables.

María Helena Hernández lleva todas las tardes a su hijo Hugo de 10 años de edad a las prácticas.

Habla de mejor conducta, mejores calificaciones pero también ha creado una comunidad con otros padres de familia.

“Ya tenemos el club de tejido aquí entre las mamás nos hemos enseñado a hacer unas otras cosas compartimos actividades, pero sobre todo compartimos el que nuestros hijos tengan algo, un oficio, que tengan este aprendizaje tan bonito que es la música” dice orgullosa.

“Estamos aprendiendo de música que pues no le prestábamos mucha atención y al hacerlo con nuestros hijos es muy motivante”.


 

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