Abuelos latinos puestos a prueba al criar nietos

Abuelos latinos puestos a prueba al criar nietos

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Maria Olvera con Valory, una de los dos nietos que está criando en Altadena, Calif.
Foto: Sarah Reingewirtz por cortesía de San Gabriel Valley News Group.


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Richard le daba patadas a una pelota de goma azul dentro de la casa que comparte con su
familia. Cuando se tropezó, se levantó y corrió hacia María Olvera: “Mamá me caí”, se quejó el pequeño de tan sólo 2 años de edad.

María Olvera no es la madre del pequeño, sino que es su abuela. Esta mujer de mirada, a
sus 51 años, se ha tenido que hacer cargo del pequeño Richard y su hermana mayor, Jennifer, de 10 años. Su madre fue deportada hace nueve meses.

Esta situación no ha sido fácil para la familia. En los últimos tiempos se han enfrentado a
demandas de desalojos. La diabetes ha acercado a María a la ceguera y ha sufrido dos muertes en los últimos 14 meses.

Este tipo de circunstancias son comunes entre las familias latinas encabezadas por un abuelo o una abuela, según afirman investigadores. Los hermanos Olvera forman parte del casi 10 por ciento de los niños estadounidenses que viven con un abuelo, según el Centro Pew de Investigación, que analizó 2,000 datos de la Oficina del Censo de EE.UU.

En este ultimo sondeo demográfico por primeval vez se preguntó acerca de las viviendas, total o parcialmente encabezadas por abuelos. La diferencia de género también resultó un dato a relucir, pues el informe también encontró que entre este grupo predominan las abuelas.

Según datos de la Oficina de Censo de EE.UU., 6,4 millones de abuelos en el 2008 vivían en hogares con sus nietos menores de 18 años; y de ellos, 2,6 millones tenían la responsabilidad primordial como padres de sus nietos. Alrededor de medio millón de los abuelos viven por debajo del nivel de la pobreza.

Mientras que los números han crecido tres veces desde 1970, el ser la única persona a cargo de los niños pequeños es cada vez más complicado para los abuelos, que a menudo se enfrentan a más problemas de salud a medida que envejecen. Este fenómeno se produce entre todas las razas y grupos étnicos, aunque los arreglos y los temas varían.

Una casa con sólo un abuelo se considera un hogar con una sola generación, mientras que una casa con un padre o ambos padres se considera una familia multigeneracional. Los abuelos blancos, negros, de las islas del Pacífico e indios norteamericanos o nativos de Alaska tienen más probabilidades de pertenecer a una casa de una sola generación que los latinos o los niños de Asia.

Olvera antes se ajustaba a la norma latina, pero desde que su hija fue deportada, la mayor parte de la responsabilidad de cuidar de los niños recae sobre ella. “El problema es que para muchos latinos, a menos que hayan tenido la suerte de convertirse en clase media y tienen una cierta estabilidad en términos de renta, cuando asumen el papel adicional de la crianza de sus nietos es una dificultad”, explica Carmela Lacayo, presidenta de la Asociación Nacional de Hispanos de Edad Avanzada. “Incluso aquellos que son de bajos ingresos lo hacen con un corazón muy grande, porque la familia es la familia”.

En los suburbios del Valle de San Gabriel y zonas de Whittier, donde los grupos mexicano- estadounidenses se han trasladado desde Los Ángeles, las familias encabezadas por abuelos eran probablemente más estables antes de la recesión, comenta Lacayo. Eso probablemente ha cambiando ahora.

La infraestructura para estas familias no existe y se está quebrando – como la financiación de guarderías o programas después de clases que ofrecen apoyo, señaló Lacayo. “Si nos fijamos en la clase media y clase media baja, yo te apuesto que hay dificultades cuando se habla de infraestructura”, explica, “Sobre todo si el abuelo tiene que convertirse en un tutor.”

Incluso si los abuelos han cuidado de sí mismos, al llegar a la tercera edad no tienen la misma energía y la paciencia necesarias para criar a los niños, argumenta Lacayo.

Algunos abuelos, como María, crían a sus nietos con poco o ningún derecho o reconocimiento por miedo de ser denunciados ante el gobierno federal. Todo lo que ella tiene como prueba de que es responsable de los dos niños es un pedazo de papel firmado por ella y la madre de los niños, quien actualmente vive en Tijuana.

María Reyes, la madre de los niños, fue deportada después de ser detenida en varias ocasiones, y el padre de Richard murió en el 2008. El resto de sus hijos tienen padres diferentes, que no están involucrados con la crianza de los niños.

De los cuatro hermanos, Henry Reyes, 11, y Medina Valeria, 8, viven con una tía materna. Pero aunque viven en hogares separados, la familia se esfuerza por juntar a los niños todos los días. “A pesar de que no viven juntos, es importante que sepan que siguen siendo familia”, comenta la abuela.

A poco más de cinco pies de altura, Olvera se sienta con las manos juntas, como si estuviera tratando de ocupar el menor espacio posible. Una sonrisa rara alegra su rostro frente a extraños, pero es toda sonrisas con sus nietos.

Incluso antes de que su hija fuera deportada, María se hacía cargo de los cuatro hermanitos. Según comenta, la madre desaparecería hasta por un mes y le dejaba los niños.

La policía le golpeaba la puerta, preguntando si su hija estaba allí. “Me preocupaba cuando ella no regresaba, pero yo estaba más preocupada cuando se llevaba a los niños con ella”, se lamenta. “Voy a ayudar a mis hijos con todo lo que pueda. Nunca se sabe lo que la vida va a lanzar contra nosotros”.

Lograr la custodia de los hermanos es difícil en este caso porque Olvera no tiene documentos de residencia. Ella espera obtener la custodia de los dos niños, pero primero tiene que adquirir su ciudadanía. Como sobreviviente de abuso doméstico quien ayudó a las autoridades a perseguir a su agresor, califica para una Visa-U, un criterio legal que permite a los sobrevivientes de abuso doméstico recibir el visado pertinente.

Quienes ayudan a Olvera en esa búsqueda son Mirsa Serrano y Teresa De La Torre, que
dirigen el programa familiar Madison Healthy Start desde un bungalow en el recinto de la
escuela primaria Madison en Pasadena. “Nuestra misión es asegurar que nada se interponga en el camino de la educación de los niños”, explica De La Torre. “A pesar de la dificultad de la situación de Olvera, vemos que ella es capaz de cuidar de los niños”.

Ganar la custodia legal, en general, puede ser difícil de lograr, argumenta Jaia Peterson Lent, directora ejecutiva adjunta de Generaciones Unidas, una organización sin fines de lucro en Washington, D.C., que aboga por mejorar la vida de las personas jóvenes y de edad avanzada.

“No sólo puede ser costoso, pero a veces no saben a dónde ir y ha habido una serie de casos donde las familias no quieren perseguir la custodia legal, ya que la esperanza es que en última instancia, el padre volverá” explica.

El solucionar su estado migratorio es uno de los cuatro temas a los que tiene que hacer frente María. Los otros son encontrar un trabajo estable, conseguir su propio lugar y el cuidar de su salud.

Olvera dejó de trabajar en Camellia Gardens Care Center y fue desalojada de su apartamento en Pasadena hace seis meses, por lo que se vio obligada a mudarse con sus tres hijos en Altadena. Ella pasa sus días con Richard dentro de la casa. Los amigos y familiares recogen a Jennifer

de la escuela. Cuando no está cuidando de cerca a su nieto, está limpiando o cocinando. La casa está a oscuras, con una sala de estar desnuda. María está orgullosa de la cocina, que está impecable. Al resto de la casa le falta un poco de amor y cuidado, sugiere.

La abuela/madre está aislada en la casa de Altadena, con miedo de subir a un autobús y
perderse. Ella depende de la familia y de los amigos para los paseos al mercado. Los únicos lugares que visita quedan a poca distancia. Y la situación se le complica porque no habla ni escribe el ingles, ni tampoco escribe ni lee el español.

María Olvera hizo el papel de madre desde muy niña. A los siete años, su madre le hacia cuidar a los hijos de otras mujeres en su pueblo rural de México para ganar dinero. Nunca la envió a la escuela. “Aunque es mucho trabajo, me moriría si me quitaran los niños”, se lamenta. “Es por los niños que le pido a Dios que me mantenga saludable, ya que todavía me necesitan”.

Cuando Richard se cansó de patear el balón, tomó su tacita de niños y se fue a los brazos de la mujer que lo está criando: su abuela o su mamá, no hace ninguna diferencia para él.

Este articulo es el primero en una serie escrita por Adolfo Flores un reportero para el Pasadena Star-News. El escribió este articulo bajo la Beca de la Fundación MetLife para Periodistas en conjunción con New America Media (NAM) y la Asociación Gerontológica de America.



 

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