Castigo escolar a los hispanos

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SAN FRANCISCO.– La oficina de la directora de James Lick Middle School es una de las áreas que los estudiantes prefieren evitar, por varios motivos. Pero ahora, es el personal quien trata de mantenerse al margen, sabiendo que dos consejeros fueron llamados hace poco para entregarles sus cartas de despido.

El despacho lo administra Bita Nazarian, directora de esta escuela secundaria localizada en el vecindario de Noe Valley, en San Francisco, y es uno de los 24 planteles de este nivel en la ciudad. De los cerca de 600 estudiantes que asisten a sus aulas, 65% son descendientes de inmigrantes provenientes de México y más al sur.

"No brindar fondos a las escuelas es como cavar su tumba", dice Nazarian, refiriéndose a los enormes recortes a los K-12 de las escuelas públicas de California en los últimos años.

Las consecuencias ya las resienten en James Lick, donde más de la mitad de los alumnos pertenecen a familias de bajos ingresos y donde casi 70% de ellos califica para obtener alimentos gratuitos o de bajo costo.

“Los servicios están siendo eliminados. Las escuelas de alto rendimiento tienen familias que hacen donativos, pero aquí, la comunidad no tiene capacidad para entregar esos recursos. Tienen que venir del gobierno”, señala Nazarian.

Gracias al programa de Quality Education Investmente Act, que provee fondos a escuelas de bajo rendimiento con la intención de mantener grupos reducidos en los salones de clases, James Lick mantiene su tamaño entre 21 y 25 estudiantes por aula.

Pero a principios de 2011, esta escuela secundaria tuvo que despedir a dos consejeros y una secretaria para cubrir una brecha de casi $250,000 dólares en fondos. El presupuesto de la escuela se ha reducido de $4.2 millones en 2010-2011 a 3.96 millones dólares en 2011-2012.

"Es terrible cuando se tiene que priorizar una cosa sobre la otra: un maestro o un consejero ¿Cómo se corta a la gente que necesitan los niños?" se cuestiona Gladys Dalmau, única consejera que queda para estudiantes de sexto grado en la escuela James Lick.

Por causa de la entrevista, Dalmau reúne afuera de su oficina una fila con unos cinco niños sentados en espera de su asesoría en cuestiones relacionadas a problemas académicos, hasta de comportamiento e interacción social, casi todos ellos latinos.

Ambos consejeros despedidos —los dos de ellos hispanos, por cierto— estaban concentrados en asistir a los estudiantes con descendencia latina y sus familias; sus necesidades, como la salud mental de los infantes.

Deserción escolar

Bita Nazarian, la directora de James Lick, reconoce que ya ha visto los efectos negativos de dejar ir sus dos consejeros hispanos: "El contacto con los padres que hablan únicamente español ha sido uno de los mayores efectos”.

Sonia González, madre mexicana de uno de los niños que asisten a James Lick, está de acuerdo en la anterior declaración. En referencia a uno de los consejeros despedidos, dijo: “Él era uno de los más cercanos que teníamos la comunidad hispana. Ahora ya no tenemos a quién acercarnos, como lo hacíamos con él, que siempre era muy servicial”.

A la directora, Bita Nazarian, le preocupa que la pérdida de los consejeros termine por retrasar años de esfuerzos para mejorar la disciplina y elevar las tasas de asistencia de los estudiantes. Para el año escolar 2010-2011, James Lick tuvo su menor tasa de suspensión, cayendo a 79 de 168 en 2006-2007. También redujo las tasas de absentismo escolar —la cantidad de alumnos con faltas injustificadas o tardanzas en tres o más días en la escuela— de un máximo de un 30 por ciento en 2006-07 a alrededor del 22 por ciento.

Dado que la asistencia escolar está estrechamente relacionada con el rendimiento estudiantil, James Lick vio en años pasados un aumento constante en estos niveles de rendimiento, medido por el Academic Performance Index (API: Índice de Rendimiento Académico) de la escuela, resultados que pasaron de 693 en 2006-2007 a 726 en 2010-2011.

Con menos recursos, mantener el impulso que llevábamos va a ser difícil, asegura Nazarian.

"Para que los estudiantes tengan éxito, tienen que estar aquí, y que sus padres participen en la educación de sus hijos", enfatiza. "Ellos [el estado de California] nos están quitando esa capacidad de interacción, así que esto dará lugar a peores promedios, menos logros de los alumnos, y en consecuencia, menos habilidades para encontrar buenos empleos".

Los niveles de asistencia escolar pueden disminuir aún más por la pérdida potencial de los programas extra curriculares: el arte y la música en los programas de James Lick podrían ser eliminados en 2012, si el presupuesto sigue apretando, advierte Nazarian, y estas actividades sirven a menudo como motivadores para que los alumnos mantengan el vínculo con la escuela.


Devoción e indiferencia

Natalia Dise tiene 13 años. Su actividad favorita en la escuela es su taller de baile, donde ella y sus compañeras pueden crear sus propias coreografías. De hecho, fue la reputación de las clases de artes lo que la atrajo a James Lick Middle School.

"Nosotros somos la gente del futuro, y si no tenemos una educación, entonces no tenemos un futuro. ¿Cómo sería el mundo así?", se pregunta una motivada Dise, que tuvo que abandonar por minutos su clase de danza para platicar.

La consejera Gladys Dalmau, con la banca de espera llena afuera de su oficina, dice que con menos personal para enfocarse en la prevención e intervención temprana, terminará sólo reaccionando a los problemas diarios. "Si hay una pelea, tienes que arreglarlo. Pero ya no hay más labor de prevención, sólo estamos reaccionando".

Bita Nazarian explica que le encantaría mantener el personal latino en James Lick, pero las regulaciones y las normas de antigüedad no le dejaron mayor opción. "No es que eres latino y pierdes el trabajo, pero sucedió que dos de nuestras contrataciones de personal más recientes fueron estos dos latinos, y ellos fueron los que trabajaron más con los niños y sus familias en la oficina del consejero," justifica la directora.

Agrega la madre mexicana, Sonia González: "Con sólo un consejero sabíamos lo que ocurría en la escuela, al igual que en las reuniones de los padres, o incluso cómo conseguir boletos para el autobús escolar. Esa persona era alguien con la que se puede entender una como hispana". Y a pesar de que hay personal bilingüe en James Lick, ella acentúa, "no es lo mismo".

Ismael Morales, alumno del octavo grado, también con 13 años de edad, mencionó que uno de los consejeros despedidos solía coordinar el Club de la Diversidad, un expacio donde los estudiantes podían discutir asuntos como la orientación sexual o aprendían a no hostigar a chicos homosexuales.

"Perdimos eso este año [2011]", dice Morales, tras un suspiro.