El Peso de Envejecer Sin Papeles

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Foto: Menos ayuda. Leonila Flores tuvo que tocar muchas puertas para obtener tratamiento para contrarestar el cáncer colorectal que padeció. | Cortesía: familia Flores

ATLANTA--La edad y la falta de estatus migratorio legal traen barreras para obtener servicios de salud en Georgia.

Conforme avanza la edad es más fácil que la enfermedad toque a la puerta sin avisar, golpeando de paso las finanzas. Peor aún si no se tiene papeles.

Así le ocurrió a Antonio Dávalos, un indocumentado mexicano de 63 años quien tiene un padecimiento renal crónico que lo hace depender de un tratamiento de diálisis.

“Sepa Dios cuántos años me dejará todavía. Lo veo duro, ya ve que no hay trabajo. Una emergencia que se ponga uno enfermo se hace difícil”, dijo Dávalos.

Antes Dávalos era chofer de camiones y hace más de 20 años su salud empezó a deteriorarse, pero nunca se atendió a pesar de que los médicos le dijeron que necesitaba diálisis. Fue apenas hace cuatro años que inició su tratamiento en el Hospital Grady.

Esta institución, sin embargo, cerró su clínica de diálisis hace dos años. Pero después de una batalla legal, Dávalos y otros 21 pacientes lograron convencer a Grady de proveerles su tratamiento al menos hasta septiembre del 2014.

Por su estatus migratorio, Dávalos no tiene acceso a los programas médicos públicos Medicaid y Medicare. Esto lo obliga a pagar más por sus tratamientos y medicamentos.

Como él, muchos adultos mayores indocumentados luchan para sobrevivir por su situación, de acuerdo con Dorothy 
Leone-Glasser, presidenta de Advocates for Responsible Care.

“Mientras las personas envejecen es más difícil para ellas entender lo que los médicos les dicen, obtener los recursos que necesitan para mantenerse lo mejor que puedan y conseguir el cuidado de salud que necesitan. A esto se le suma que estas personas son indocumentadas”, dijo.

Sin papeles ni servicios

La problemática que enfrenta este grupo se agudiza en el sureste del país, de acuerdo con Leone-Glasser.

“Por lo que sabemos, a estos pacientes les va mejor en la región noreste y en la costa oeste porque allí hay percepciones diferentes sobre los servicios de salud”, sostuvo la doctora.

De acuerdo con Leone-Glasser, en Georgia es mucho más difícil por el rechazo que existe a los inmigrantes indocumentados.

“En Georgia no sienten la responsabilidad de ayudar a estas personas lo que me parece increíble porque es nuestra responsabilidad ayudar a cualquier paciente sin importar su status migratorio”, agregó.

Enfermos y empobrecidos

Pero no solo la salud se afecta para los seniors indocumentados, sino que también sus finanzas y las de sus familias.

De acuerdo con Felipe Lobelo, epidemiólogo de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), muchas familias como las de Dávalos acaban endeudándose y empobreciéndose.

“Las enfermedades crónicas llevan a las personas a la pobreza”, sostuvo el médico.

Para Kerstin Gerst, profesora de gerontología de la Universidad de Georgia en Athens, la falta de estatus migratorio en regla desencadena una crisis económica en el núcleo familiar.

“A estos ancianos se les añade el problema de no ser elegibles para beneficios públicos”, dijo. “Un solo evento de hospitalización puede ocasionar una crisis financiera a la familia”.

Tal es el caso de Leonila Flores, una inmigrante indocumentada de 63 años. En 2008 le detectaron cáncer colorectal, lo que le obligó a invertir mucho dinero en exámenes y tratamiento.

“Gasté todo el dinero que tenía ahorrado y el que tenían mis hijos. Fue un dineral tremendo que todavía estamos pagando”, dijo la mexicana.

Muchas puertas por tocar

Flores recibió ayuda posteriormente del Hospital Grady, aunque ello le costó mucho esfuerzo. Según ella, el paciente indocumentado requiere tocar más puertas que otras personas e incluso aguantar discriminación para sobrevivir.

“Si hubiera tenido mis papeles no hubiera pasado muchas cosas que sufrí: el descuido de personas que no lo estiman a uno y nos dicen que qué estamos haciendo aquí, que nos vayamos a nuestro país”, dijo Flores.

Pero salir del estado no es tan fácil ni tan productivo, de acuerdo con Leone-Glasser, quien auxilió a muchos pacientes renales de Grady a repatriarse o a mudarse con la esperanza de que recibieran cuidado.

“¿Cómo podemos pretender que ellos se muden con la familia completa y vayan a otro estado donde no tienen a nadie? Además, en otro estado ellos estarían en la misma situación, tendrían que ir a la sala de urgencias hasta que vivan allí suficiente tiempo como para recibir asistencia médica”, manifestó.

Por ello, Leone-Glasser y sus colegas en Advocates for Responsible Care buscan ayudar a enfermos locales y también a cambiar las percepciones negativas que existen en torno a los indocumentados.

“Necesitamos cuidarnos entre nosotros mismos. Si en la medicina operaramos siempre de esta forma, no tendríamos ningún problema. Nunca vamos a ser la nación que queremos ser hasta que entendamos este principio”, comentó la doctora.

Este artículo fue realizado como parte de una beca de investigación sobre vejez de la Fundación Metlife, un proyecto de la Sociedad Estadounidense de Gerontología y New America Media.