La deportación podría significar la muerte para un ugandés gay

La deportación podría significar la muerte para un ugandés gay

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SAN DIEGO, Calif. -- Joseph Bukombe pasó toda su vida ocultando su orientación sexual a sus amigos y familiares en su natal Kampala. Hoy en día está luchando contra un sistema de inmigración estadounidense que no cree que él es gay.

En marzo de 2011, la Junta de Apelaciones de Inmigración, que decide las apelaciones basadas en revisiones del papeleo de los casos – negó la petición de Bukombe de asilo sobre la base de su orientación sexual, diciendo que él no pudo dar un testimonio creíble atestiguando el hecho de que él es gay. Bukombe está peleando su orden de deportación.

Ahora en San Diego, el chef aprendiz de 35 años de edad, dice que teme por su vida si es deportado, ya que Uganda no es un lugar seguro para los gays. "Si me mandan a Uganda, temo que seré torturado, encarcelado o asesinado", explicó Bukombe.

Estos temores se basan en la experiencia personal y el desprecio público -- en ocasiones violentas -- de la homosexualidad en su país natal.

A principios de este mes, el Ministro de Ética e Integridad de Uganda Simon Lotodo pidió la detención de los organizadores de una conferencia de derechos de los homosexuales, diciendo que los homosexuales deben regresar a casa "y sufrir su enfermedad de ahí", según informes de prensa.

La saga de Bukombe ilustra el problema de los inmigrantes gays del Medio Oriente y África que huyen de la persecución en casa por su orientación sexual. Al llegar a los Estados Unidos, muchos caen fuera de los límites estereotípicos de la vida gay en este país y por lo tanto tienen que luchar para probar su homosexualidad en la corte.

"Ellos [los tribunales de inmigración] pueden preguntar, "¿Usted va a los bares gay? ¿Tiene usted relaciones?'", dijo Shannon Price Minter, directora legal del Centro Nacional de Derechos de las Lesbianas. "[Estas son] cosas que la gente gay puede hacer en los EE.UU., pero no la gente en otros países, o los matarían".

Torturado

Bukombe se casó en 2005, dos años después de llegar a San Diego con una visa de turista de seis meses. Recuerda la esperanza de que el matrimonio le "cambiaría". Pero no fue así, y finalmente le dijo a su esposa la verdad, aunque todavía no se atrevía a decirle a su familia en su país, o algunos de sus amigos africanos aquí.

"Hice lo que la mayoría de la gente hacen en mi país", dijo Bukombe. "Yo vivía una doble vida".

No fue hasta la sala del tribunal que se atrevió a hablar. Un tímido Bukombe le dijo al juez que sus familiares habían tratado de sacarle lo homosexual a golpes. En su testimonio, describió cómo cuando tenía 8 o 9 años de edad, su tía y dos vecinos lo ataron y lo golpearon hasta hacerlo sangrar. Su tía pensó que le estaba haciendo un favor.

"Ellos estaban sacándome a golpes el demonio homosexual", explicó Bukombe. "Me apretaron el pene y los testículos tan fuerte que me tuvieron que remover uno de mis testículos".

Ellos trataron de quemar sus genitales. Su tía agarró un pedazo de leña prendida de una estufa para cocinar. Cuando Bukombe no se quedaba quieto, le chisporroteaba la pierna.

No podía caminar durante días. Su tía le dijo que iba a morir si le decía a alguien.

El jovencito permaneció en silencio, el miedo a que los familiares se enteraran que era gay supero su miedo a los golpes.

"Yo tenía miedo de meterme en más problemas", dijo.

Castigado con la muerte

Bukombe llamó la atención de los funcionarios de inmigración en enero de 2010, cuando fue arrestado en el estacionamiento de un restaurante de comida rápida de San Diego por manejar bajo la influencia. En el tribunal, comenzó a relatar al juez la persecución vivida de la gente gay en su país, entre ellos algunos de sus amigos.

"Lo ven a uno como si tienes una enfermedad y nadie quiere acercarse a ti", dijo Bukombe de Uganda, donde la legislación se introdujo en 2009, que haría que el sexo gay sea castigado con la muerte.

Mientras que el proyecto de ley se presentó después de la indignación internacional, el clima en Uganda sigue siendo hostil. En la actualidad, relaciones entre hombres allí se castigan con 10 años o más de prisión, de acuerdo con la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex.

A nivel mundial, las relaciones homosexuales son ilegales en 75 países, según la Organización de Refugio, Asilo y Migración con sede en San Francisco, la mayoría de ellos agrupados en el Medio Oriente y África. En siete de esos países, ser homosexual es penado con la muerte.

A pesar de estos peligros, negaron la petición de asilo de Bukombe, un hecho que él atribuye en parte a la inexperiencia de su abogado. Como resultado, él ahora está navegando por la red complicada de la ley de inmigración sin la asistencia de representación legal.

"Es un gran problema para las personas LGBT que se encuentran en el proceso de asilo, encontrar abogados que saben lo que están haciendo, que son competentes", dijo Minter, señalando que varios de sus clientes vienen en busca de ayuda después de que el abogado que inicialmente se contrató pierde una fecha límite o no se presenta a una audiencia judicial.

En general, los no ciudadanos detenidos por un delito tienen el derecho a representación asignado por el gobierno por los cargos criminales. Pero los condenados a la deportación no tienen ese derecho.

Para Bukombe, esto ha significado que lucha solo contra un extranjero sistema jurídico complicado. Recientemente presento una solicitud por representación legal ante el Tribunal del Noveno Circuito de Apelaciones, consciente del hecho de que sin un abogado sus posibilidades de ganar la apelación son escasas.

"Es muy difícil sin un abogado. El gobierno tiene todos los recursos para desprestigiarte", dijo Grace M. Gómez, una abogada de inmigración con las Oficinas Legales de Gómez y Lackey en la Florida que ha ayudado con éxito a clientes LGBT obtener asilo. "Si no se educa, no está familiarizado con el lenguaje y la ley, puede ser muy difícil".

El fin de la pesadilla

Bukombe todavía tiene pesadillas de los 23 meses que pasó encerrado en el centro de detención de inmigrantes Otay Mesa afuera de San Diego. Él dice que mientras estaba allí, los agentes regularmente lo obligaron a firmar documentos de deportación.

"Tenemos sus documentos de viaje", un agente le dijo después de haber sido despertado a la fuerza y llevado a una sala vacía para ser interrogado.

"Yo estaba rogando por mi vida", recuerda Bukombe. "Yo dije: 'No. No puedo hacer eso. Eso significaría que estoy firmando mi sentencia de muerte. No quiero morir'".

Después un agente amenazó a Bukombe con cárcel de cuatro a nueve años por negarse a firmar los papeles. "Estar en la cárcel aquí por nueve años es mejor que regresarme y morir", respondió Bukombe.

Salió de la cárcel en diciembre. Desde entonces ha estado trabajando como chef en Flavors de East África, cerca de San Diego State University.

En un reciente viernes, se paró fuera del restaurante, y habló sobre sus esperanzas para el futuro.

"Estoy rezando todos los días que la situación se ponga mejor en mi país para que la gente como yo puedan ser libre", dijo.

Hasta ese día, añade, continuará su lucha para permanecer en este país, una pelea que podría significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Este artículo se hace posible gracias al apoyo del California Immigration Reporting Project, un proyecto de la Rosenberg Foundation en la UC Berkeley Graduate School of Journalism.