Trabajadores Invisibles: Los trabajadores domésticos inmigrantes prueban nuevas maneras de resolver los conflictos

Trabajadores Invisibles: Los trabajadores domésticos inmigrantes prueban nuevas maneras de resolver los conflictos

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Un reciente sábado por la tarde, una docena de niñeras y limpiadoras de casas, muchas de ellas inmigrantes de Brasil, se reúnen con los empleadores en una sala, en Cambridge, Massachusetts. Comen queso y galletas saladas, rompiendo el hielo un poco antes de hablar sobre cómo resolver algunos de los problemas que pueden propagarse en el trabajo doméstico.

Anna Amoral, una inmigrante de Brasil y una niñera en Boston, comparte un problema que tiene con su empleador.

"Ellos me pagaban por el gas y el millaje", dice Amoral. "Hicieron eso la primera semana, pero hace diez meses no estoy recibiendo el dinero".

Mientras habla, varias mujeres en la sala asienten con la cabeza y ofrecen concejos. Lydia Edwards le pregunta a Anna si ella ha hablado de eso con su empleador. Edwards es abogada en el Centro de Inmigrantes de Brasil en Boston.

"Puede que ellos no lo recuerden como tu, Anna", dice Edwards.

Edwards ha visto muchos malentendidos entre los trabajadores domésticos y sus empleadores. Después de llevar innumerables disputas a los tribunales, empezó a pensar en formas que podría poner fin a estos argumentos sin el martillo, por lo que inició un programa de mediación en el Centro de Inmigrantes de Brasil.

El proceso que está poniendo a prueba es muy simple y está siendo observado de cerca por otros centros de inmigrantes como esta. Un trabajador presenta una queja al centro sobre, por ejemplo, un conflicto salarial. El centro contacta al empleador para ver si les gustaría reunirse con mediadores capacitados para encontrar una solución, en lugar de tomar acciones legales. Y los mediadores conocen bien estos conflictos porque son trabajadores domésticos y empleadores ellos mismos.

"Yo quería encontrar una manera de que los trabajadores podrían ser parte de la solución de sus propios problemas", dice Edwards.

Edwards comenzó el proyecto después de haber sido despedida de la firma de abogados del centro de Boston, donde había trabajado. Comenzó el voluntariado de su experiencia legal en el Centro de Inmigrantes de Brasil, creando una oficina de abogados en la cocina del centro.

"Yo no tenía materiales", dice Edwards. Trabajó con lapiceros donados y libros de leyes y dos cajas de archivo que había rescatado de la basura.

Mes tras mes, se reunió con cientos de brasileños en esa mesa de la cocina escuchando historias sobre las grietas en que habían caído.

"Luchar sobre si pedir dulces [en Halloween] es tiempo de trabajo o no, he tenido esa lucha en los tribunales", dice Edwards, "si hacer una comida y comérsela niega [una niñera] de que le paguen [por ese tiempo]".

Edwards se dio cuenta de que en caso tras caso los trabajadores no siempre buscaban un gran acuerdo, sino más bien, era algo más que estaban buscando: el reconocimiento. Eso era lo que la niñera Anna Amoral buscaba cuando conoció a Lydia Edwards en el Centro de Inmigrantes de Brasil.

"Al principio lo que yo estaba buscando en realidad era una disculpa”, dice Amoral.

Amoral se acercó a Edwards para obtener ayuda sobre los salarios pendientes de pago, uno de los reclamos más comunes que los empleados domésticos pueden tener. Pero no era realmente el dinero que molesto a Amoral, era cómo su empleador la había tratado.

"Ella me agredió en la biblioteca en frente de otros amigos, otras niñeras y bibliotecarios", dice Amoral.

Amoral fue a la corte al final donde ganó los salarios adeudados a ella, pero el tema nunca se sintió resuelto. Estos sentimientos son naturales debido a la intimidad de las tareas domésticas, dice Edwards.

"Cuidaron de sus hijos desde el nacimiento a veces, es un vínculo intenso. Siento como el proceso de mediación da un sentido de cierre", dice Edwards.

Iniciar el programa no ha sido fácil. De hecho, ha empezado unas conversaciones muy difíciles entre las mujeres que están entrenando como moderadoras.

"Algunas personas preguntaron inocentemente: ‘¿Qué se supone que debo hacer en caso de un ilegal? ¿Debo llamar a la inmigración? ¿Cómo mediador? La persona a su lado respondió: ‘Hay una ilegal a tu lado que ha estado entrenando junto a ti'", dice Edwards.

Para la niñera Anna Amoral, estas conversaciones difíciles le han desafiado como moderador a dejar el juicio en la puerta.

"No podemos escoger lados. Tenemos que mantener la neutralidad. Es difícil, pero es algo que es un ejercicio".

Hasta la fecha, el centro ha mediado cinco casos con éxito, un comienzo lento. Edwards espera que eso cambiara mientras se corre la voz.

Mientras que el curso del sábado concluye, Edwards da una charla final.

"Nadie debe ser infravalorado", dice ella, "y nadie debe trabajar en la oscuridad".